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DESCUBRIENDO DISEÑO HUMANO

DISEÑO HUMANO. CENTRO DEL EGO

  • Foto del escritor: Tu Autoridad Interna
    Tu Autoridad Interna
  • hace 5 días
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: hace 12 horas


Gráfico de Diseño Humano. Centro del Ego
Diseño Humano. Centro Definido

El Centro del Ego en Diseño Humano:

¿te pasas la vida demostrando lo que vales?


Cuando hablamos de Ego en Diseño Humano, lo primero que hay que aclarar es que no estamos hablando del ego psicológico que todos conocemos, ese con el que nos identificamos mentalmente y que tanto trabajo terapéutico nos lleva.


No. El Ego en Diseño Humano es una estructura biológica. Es un motor. El motor de la voluntad, del compromiso y del egoísmo.


Y sí, has leído bien. Del egoísmo. Pero también de la generosidad.


Este es un centro puramente material. Aquí se procesa la mecánica con la que te desenvuelves en el mundo material: los pactos, los acuerdos, el yo hago esto por ti y tú haces esto por mí. Un mundo de intercambios. Nada más y nada menos.


El 35% de la población tiene el Centro del Ego definido (coloreado), y el 65% lo tiene sin definir (en blanco).


El Ego es vago, y quiere esforzarse lo mínimo para sacar el máximo rendimiento. Trabajar está bien, sí, pero porque la recompensa es el descanso. Eso es lo sano para el Ego: esfuerzo y descanso en equilibrio. De hecho, abusar de la fuerza de voluntad sin respetar el descanso, le puede acabar pasando factura.


Si tienes el Centro del Ego definido tienes una fuerza de voluntad consistente. Puedes comprometerte, cumplir tu palabra y mantener tu lealtad de manera natural, sin esfuerzo. Esto es sano para ti.


Tienes también un egoísmo sano, que significa que honras primero tus propias necesidades para después poder apoyar a otros. Poner tus condiciones es lo natural para ti. Sabes lo que vale tu tiempo y tu energía. Tu autoestima es realista, no necesita validación externa para sostenerse.


Ahora bien, desde la distorsión mental, el Ego definido puede volverse egocéntrico, presionar a los demás para que se comprometan de la manera en la que lo hace él, y manipular para conseguir lo que quiere. Los que están a su alrededor pueden sentirse inútiles o entrar en un modo muy competitivo.


Si tienes el Ego sin definir, lo más importante que debes entender es esto: no estás aquí para tener que demostrar nada. Ni a los demás, ni a ti mismo.


→ No estás diseñado para tener una fuerza de voluntad consistente.

→ No estás diseñado para hacer promesas a diestro y siniestro ni para comprometerte con todo. Y Esto no es un defecto, es tu mecánica.


Tu potencial real es poder percibir quién tiene una autoestima sana y quién no. Puedes ver con claridad cómo se manejan los demás en el mundo material y asociarte con quienes lo hacen bien. Si sigues tu Estrategia y Autoridad, tu acción será correcta sin necesidad de forzar nada.


El problema viene cuando te dejas llevar por tu mente. Y entonces empieza el espectáculo: los "debería" y los "tendría que". Debería esforzarme más. Tendría que demostrar que soy capaz. Tendría que estar más pendiente de, trabajar más, conseguir más.


Si te dejas llevar por tu mente te puedes pasar la vida demostrando. Demostrando que eres buen hijo, buen padre, buen amigo, buen trabajador. Demostrando que eres alguien. Porque en algún lugar muy profundo de ti (en el que se han ido guardando tus vivencias), hay una sensación de indignidad, de no merecer lo que tienes, de estar en deuda permanente con el mundo.


Vivimos en una sociedad que alimenta exactamente esta distorsión. Si no demuestras lo que vales, si no tienes likes, si no eres el más exitoso, el más comprometido, el que más trabaja, eres un perdedor. Pura homogeneización. Pura presión colectiva sobre ese 65% que tiene el Ego sin definir.


Y el resultado es el esclavismo.


→ Sacrificarte una y otra vez para conseguir un estatus material que sientes que deberías tener.

→ Aceptar las condiciones de otros aunque no sean justas porque no sabes poner las tuyas.

→ Sentir una rabia amarga cuando nadie reconoce todo lo que das.


La liberación ocurre cuando dejas de identificarte con esa necesidad de demostrar. No eres tu fuerza de voluntad. No eres tu capacidad de comprometerte. Eres mucho más que eso, y paradójicamente, cuando dejas de intentar demostrar, empiezas a verlo.



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